Cómo empezar un diario (y no dejarlo en la segunda semana)
Lo que hace durar un diario no es disciplina: es achicar lo que te obligas a hacer. Cuatro decisiones prácticas para empezar hoy.
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Casi todo diario muere en la segunda semana, y casi nunca por falta de ganas. Muere porque la persona se prometió algo demasiado grande, escribir cada noche, con calma, algo que valga la pena releer, y en un día cansado la promesa entera se cae.
Lo que hace durar un diario es lo contrario: achicar el compromiso hasta que quepa en un día malo.
Prométete tres frases, no una página
Tres frases las escribes en un semáforo. Una página exige un momento que casi nunca aparece. Y quien se promete tres frases casi siempre escribe más, solo que no tenía que hacerlo.
Escribe al final del día, no al final de la noche
El mejor momento es cuando todavía te queda algo de energía: el camino de vuelta, la fila del mercado, el rato después de cenar. Dejarlo para el último minuto antes de dormir es dejarlo para el peor momento del día.
Escribe lo que pasó, no lo que sentiste
Los sentimientos son difíciles de nombrar en el momento y fáciles de reconocer después. Un diario lleno de "hoy fue un buen día" no te devuelve nada dentro de un año; uno que dice "almorcé con Ana y me contó que deja el trabajo" te devuelve el día entero. El sentimiento viene gratis.
No releas al principio
Releer demasiado pronto es la forma más rápida de empezar a escribir para un público. Deja pasar un mes. El valor de un diario no está en la entrada de hoy, está en tener treinta.
Y cuando falles
Vas a saltarte días. Todo el mundo lo hace. La única regla que importa es no convertir el día saltado en motivo para parar: escribe el de hoy y ya, sin tapar el hueco y sin pedirle disculpas al cuaderno.
Si escribir es lo que te traba, hablar suele ser más fácil: cuenta el día en voz alta, como se lo contarías a alguien, y deja que el texto salga de ahí.